viernes, 3 de julio de 2026

RAPIDEZ vs PRECIPITACIÓN EN LAS ARTES MARCIALES: QUÉ ENSEÑÓ SUN TZU.

Hay una parte del aprendizaje marcial ampliamente olvidado por nuestra comunidad, evidentemente, la nuestra es una práctica física pero no hay que descuidar la parte teórica, en mi caso, trato de conjugar ambas, reconozco que no soy un ávido lector pero este mes de julio y el próximo agosto, meses en los que no doy clases, aprovecho para cultivar esa parte teórica olvidada. En esta ocasión le ha tocado el turno a un libro clásico dentro del mundo de la estrategia marcial, El arte de la guerra (en chino tradicional, 孫子兵法; pinyin , Sūn Zǐ Bīngfǎ; Sun Tzu) libro sobre tácticas y estrategias militares, escrito por Sun Tzu aproximadamente siglo V a.C. Pese a su antigüedad sigue siendo un texto de estrategia influyente, no solo en el pensamiento militar oriental y occidental,  también en las tácticas de negocios y en la estrategia legal, entre otros campos. 

Concretamente estoy leyendo la versión revisada por Antony Cummins, "El Arte de la Guerra, Guía Visual" regalo de mi hija, lo que hace que su lectura sea mas placentera. Esta versión está dividida en 235 lecciones, de las que llevo leídas 36 en el momento en el que estoy escribiendo esta entrada, de las cuales, ayer presté especial atención a la lección 32, "Sé rápido sin precipitarte".  Paso a reproducir textualmente el texto de esta lección: para poner en contexto a la persona que lea este artículo: 

"Hay una diferencia entre ser rápido y precipitarse. Una acción rápida es un movimiento calculado hecho con velocidad, mientras que una acción precipitada no está calculada" 

"Las acciones precipitadas a menudo salen mal, pero aun así no son peores que las acciones prolongadas o estancadas. Actuar muy presionado por el tiempo hará que cometas errores. Evita someterte a este tipo de presión anticipándote al peligro.

Añade un consejo que me parece esencial en cualquier estrategia de combate, "las acciones decisivas son beneficiosas siempre que uno se tome el tiempo de meditarlas. Piensa primero y luego muévete con rapidez; nunca te muevas de forma apresurada o reactiva". Evidentemente no es fácil tomarte tu tiempo para meditar una acción cuando la agresión es inmediata. La maestría se demuestra cuando un practicante responde de manera ordenada en el menor tiempo posible.

Ser rápido sin precipitarse en una confrontación física significa alcanzar un estado en el que la velocidad de acción no nace del impulso descontrolado, sino de la claridad y el entrenamiento. A nivel físico y psíquico, implica varias capacidades que trabajan juntas, mente y cuerpo siempre deben ir unidos. 

A nivel físico

  • Tiempo de reacción eficiente: responder al estímulo en el momento justo, sin dudar, pero tampoco adelantarse innecesariamente.
  • Economía de movimiento: no realizar movimientos innecesarios. Quien se precipita suele cometer errores y realizar movimientos predecibles; quien es rápido utiliza trayectorias cortas y precisas.
  • Relajación muscular bajo tensión: mantener los músculos lo suficientemente relajados para moverse con explosividad cuando haga falta. El exceso de tensión ralentiza. En las artes marciales chinas se dice que la velocidad nace de la relajación.
  • Equilibrio y postura: conservar una base estable que permita cambiar de dirección, defenderse o desplazarse sin perder el control. La estructura es la base tanto de los desplazamientos como de los movimientos ofensivos y defensivos.
  • Respiración estable: evitar contener el aire, ya que eso aumenta la rigidez y dificulta la toma de decisiones. Tratar de mantener una respiración pausada y natural es esencial para no quedarse sin energía.
Este apartado entronca con el primer principio del Ving Tsun, "Estructura y Relajación".

A nivel psíquico

Aquí suele estar la mayor diferencia entre rapidez y precipitación.

  • Percepción antes que reacción: observar lo que realmente ocurre, en lugar de actuar sobre lo que se cree que va a ocurrir.
  • Atención amplia: ser consciente del entorno, las distancias, los movimientos y las posibles amenazas sin obsesionarse con un único detalle, en una confrontación real es posible que aparezcan contrincantes con los que no contábamos previamente
  • Control emocional: sentir adrenalina es normal, pero no dejar que el miedo, la ira o el ego nos dominen y dicten nuestras acciones.
  • Decisión inmediata pero consciente: una vez tomada la decisión, ejecutarla sin vacilar. 
  • Capacidad de adaptación: si la situación cambia, modificar la respuesta sin quedarse bloqueado por el plan inicial.
Este apartado enlaza con el quinto principio de Ving Tsun "Actitud Correcta".

La diferencia entre rapidez y precipitación es importante para entender que nuestras acciones deben estar guiadas por procesos mentales racionales dentro del desconcierto que lo sacude en situaciones de una confrontación violenta.

  • Rapidez: implica percibir → decidir → actuar.
  • Precipitación: implica actuar → intentar comprender después.

En el primer caso, aunque todo ocurra en fracciones de segundo, existe un proceso mental ordenado. En el segundo, la acción está gobernada por el impulso.

Lo que ocurre en el cerebro

En una persona entrenada:

  • El cerebro reconoce patrones con rapidez gracias a la experiencia proporcionada por el entrenamiento.
  • Disminuye el tiempo necesario para decidir.
  • La respuesta motora es automática, pero sigue siendo flexible.
  • Se mantiene cierto control de la corteza prefrontal (la parte relacionada con el juicio y la planificación), incluso bajo estrés.

En alguien que se precipita:

  • La activación emocional domina el comportamiento.
  • Aparece la "visión de túnel" muy peligrosa si hay más de un contendiente atacándonos.
  • Se pierde capacidad para evaluar alternativas.
  • Son más frecuentes los errores por exceso de confianza o por miedo.

Pongamos un ejemplo para tratar de explicar esta diferencia:

Imagina un oponente que inicia un ataque, la persona precipitada intentará golpear en cuanto percibe el primer movimiento, incluso antes de confirmar la trayectoria. Puede quedar expuesta si el ataque era una finta, la persona rápida: esperará apenas unas décimas de segundo más para identificar la intención real, interceptar el ataque y responder con precisión. Desde fuera parece igual pero en el segundo caso su acción está basada en información más fiable.

En síntesis

Ser rápido sin precipitarse es un equilibrio entre los siguientes elementos:

  1. Calma mental para percibir con claridad.
  2. Decisión firme una vez identificada la mejor opción.
  3. Ejecución explosiva y eficiente gracias al entrenamiento.

En disciplinas como las artes marciales, este estado suele describirse como actuar con serenidad bajo presión: el cuerpo se mueve muy deprisa, mientras la mente mantiene la sensación de que dispone de tiempo para elegir la respuesta adecuada, incluso cuando objetivamente solo hay unas décimas de segundo para hacerlo.

Recuerda, cuanto más entrenada este la persona a nivel físico y mental mayor será su capacidad de respuesta.



Para la confección de este artículo he contado con la ayuda del citado libro y mi amigo "chaty"

sábado, 7 de febrero de 2026

SALIR DE LA BURBUJA PARA CONOCER

Al hilo seguir despejando dudas sobre el mal llamado "Wing Chun Original"  y  arrojar un poco de luz sobre el tema escribo este segundo y último artículo al respecto.

Hay un refrán árabe que resume muy bien lo que quiero transmitir en este artículo: (el que vive ve mucho, el que viaja ve mas). En las artes marciales esta idea cobra un sentido profundo y en el arte que nos ocupa no va a ser menos. No basta con entrenar siempre en el mismo sitio, con la misma gente y bajo el mismo enfoque, si de verdad queremos ver el nivel que hay en un lugar u otro, hay que viajar, entrenar con otras personas y, sobre todo, conocer otros maestros, en definitiva salir de nuestra burbuja.

Durante mis dos viajes a Hong Kong, el primero de ellos en 2017 y el segundo en 2019 tuve la oportunidad de conocer y entrenar en diferentes escuelas y con distintos practicantes. Lo primero que me quedó claro es algo que a veces cuesta aceptar desde fuera: el nivel allí es, como mínimo, igual y en muchos casos superior al de algunos profesores de nuestro país, con esto no quiero criticar el trabajo de nadie, simplemente que a veces se hacen aseveraciones sobre un Wing Chun o un maestro que no se corresponden desde mi punto de vista con la realidad.  No lo digo desde la teoría ni desde los vídeos de internet (pues, lo digo desde la experiencia directa de haber entrenado en diferentes kwoons y haber sentido ese Wing Chun en primera persona. Pertenecer en su momento a la AVTK comandada en nuestro país por el maestro José Ortiz, alumno directo de Chan Chee Man, abre muchas puertas y si vas acompañado por el propio Sifu Chan Chee Man y su hija Judy más, da la oportunidad de llegar donde de otra manera hubiese sido imposible o más costoso.

Ahora bien, sería una simplificación decir que “en Hong Kong todo el mundo es increíble”, no es así, ocurre lo mismo en nuestro país con otras actividades como el futbol o el flamenco, ni todos los jugadores de futbol son excepcionales ni todos los bailaores de flamenco tienen duende. En mis viajes vi niveles avanzados de Wing Chun y también otros que no lo eran tanto. Y esto, lejos de ser una decepción, me parece lo más normal del mundo. Todos provenían, de una u otra forma, de la rama de Yip Man, pero había diferencias evidentes entre unos y otros: en estructura, en timing, en comprensión del sistema, en forma de entrenar, en cómo aplicaban los principios y lo que más me chocó, en la realización de las formas.

Esto nos lleva a un punto clave: el Ving Tsun es un elemento vivo, evoluciona con las personas que lo practican, con el contexto, con la forma de entrenar y con la manera de entender el combate y el cuerpo humano. Por eso, hablar de un “Wing Chun original” como si fuera una pieza de museo, fija e inmutable, no tiene demasiado sentido. Lo que existe son interpretaciones, líneas de transmisión, énfasis distintos… y practicantes que, con mayor o menor profundidad, encarnan esos principios. Ahora bien, esta evolución desde mi punto de vista no puede venir de incorporar elementos ajenos a nuestro sistema, más bien de encontrar caminos para mejorar lo que hacemos.

Una de las cosas que más me llamó la atención en Hong Kong es que, independientemente del nivel o del árbol genealógico de cada escuela, se respira Ving Tsun. Está en el ambiente,  en la forma de entrenar, en las conversaciones, en los detalles, en la cultura de práctica, y, sobre todo, está en la cantidad de horas que se dedican al entrenamiento. En general, entrenan más horas que la mayoría de practicantes occidentales. No porque sean “mejores” por definición, sino porque el contexto lo facilita y porque la cultura de trabajo es distinta. Más horas de práctica, más contacto, más repetición consciente… todo eso, inevitablemente, se nota.

Si uno no sale de su escuela es muy fácil construir una burbuja, todos somos excepcionales en nuestro propio gimnasio, cuando sales de tu escuela y viajas  fuera de tu país para conocer y entrenar, te das cuenta que esa burbuja se diluye como la que lanza un niño con su pompero. Si no hemos entrenado en otros entornos, esa burbuja, se convierten de  inmediato en la referencia absoluta: “esto es buen nivel”, “esto es lo correcto”, “así se hace Wing Chun”, "este es el Wing Chun original"... Viajar rompe esa burbuja, te obliga a comparar, a relativizar, a cuestionarte cosas que dabas por sentadas. A veces confirma lo que ya pensabas, en mi caso que Jesús Carballo, mi Sifu, es un excelente profesional, con un nivel elevado de Ving Tsun—, otras te pone frente a tus propias limitaciones técnicas o conceptuales, y es en lo conceptual donde algunos fallan, pues interpretan las formas como aplicaciones y no como principios y conceptos aplicables en diferentes situaciones. Por poner un sencillo ejemplo, he visto profesores realizando en aplicaciones con un compañero pasos del muñeco de la misma forma que se realizan con el muñeco, sin tener en cuenta el desplazamiento, el ángulo de ataque o que la aplicación la haces ante alguien que se mueve no un objeto inmóvil. 

Por eso vuelvo a la frase del principio: (el que vive ve mucho, el que viaja ve mas). No se trata de idealizar Hong Kong ni de menospreciar lo que se hace en nuestro país, se trata de entender que el nivel no se mide desde el sofá ni desde los prejuicios, sino desde la experiencia directa, y que si realmente queremos opinar con propiedad sobre dónde hay nivel y dónde no, primero hay que ponerse el uniforme, entrar al kwoon, cruzar manos y entrenar con gente diferente. Hay mucho Ving Tsun en Hong Kong, mucho más del que fui capaz de ver en mis dos viajes, muchos maestros y practicantes con un elevado nivel, algunos maestros como Chan Chee Man, Wong Shun Leung o Wu Chu Nam ya no están entre nosotros pero su legado continua tanto dentro como fuera de este territorio.

El Ving Tsun no es una reliquia, es un arte marcial vivo, en movimiento, lleno de matices, a veces, para recordarlo, solo hace falta hacer la maleta, salir de la zona de confort y dejar que el cuerpo —más que las ideas— sea quien saque las conclusiones.