En muchas ocasiones, durante los años que llevo como entrenador de Sanda, he visto competidores perder combates por un motivo mucho más frecuente de lo que parece: empeñarse en utilizar una técnica que un día les dio resultado.
Al respecto, el gran estratega chino Sun Tzu decía: «Identifica lo que no debes hacer». En el combate, muchas derrotas no llegan por desconocer una técnica, sino por insistir en utilizar la técnica equivocada.
Todos los movimientos, tanto ofensivos como defensivos, funcionan en su contexto determinado. Centrándonos en la dinámica de un combate de competición de Sanda, son muchos los condicionantes que hacen que una técnica pueda o no funcionar, entre ellos:
- Tipo de contendiente al que nos enfrentamos: no es lo mismo enfrentarte a un competidor ofensivo que a uno defensivo, striker o grappler, más alto o más bajo... No todas las técnicas funcionan ante todos los oponentes. A veces una proyección puede tener el 100 % de efectividad en el gimnasio y no funcionar en una competición debido a que nuestro oponente sabe cómo defenderla o tiene mejor control de la distancia. Por lo tanto, aquí nuestra capacidad de adaptación es fundamental para utilizar las técnicas o estrategias más adecuadas. También es fundamental tener detrás un buen entrenador que sepa guiar las acciones del competidor.
- Momento del combate en el que nos encontramos: al igual que en el punto anterior, hay que adaptarse a las circunstancias. Si estoy cansado, no puedo utilizar técnicas que me desfonden; si voy perdiendo, no puedo trabajar a la contra o de forma defensiva; si voy ganando con solvencia, debo saber cómo proteger mis puntos y no exponerme a que un mal golpe del contrario dé al traste con mi victoria...
- Nuestras capacidades y habilidades: no es fácil ser un competidor completo y dominar todas las áreas de un combate. Por citar algunos ejemplos de lo que no debemos hacer: si no tengo mucha flexibilidad, no puedo obcecarme en patear alto; si no sé defender las proyecciones, debo tratar de mantener la distancia y no entrar en el clinch; si soy más alto que el contrario, quizá no es buena idea entrar a proyectar a las piernas...
«En competición no vence quien dispone de más recursos, sino quien toma mejores decisiones bajo presión.»
Cuando comencé a entrenar Sanda con mi maestro Pablo Ortega, entendí que este deporte era mucho más que intercambiar golpes o proyecciones con el rival. Comprendí que un buen peleador de Sanda es como un buen ajedrecista: sabe exponerse para engañar al contrario, sabe cuándo pasar al ataque o trabajar de forma defensiva, sabe ir un paso por delante de su rival... En definitiva, sabe qué hacer o no en cada momento.
Todo el trabajo técnico y estratégico hay que trabajarlo previamente en el gimnasio si queremos que nos funcione en una competición, y es aquí donde el combate condicionado es de vital importancia. Llamamos combate condicionado a aquel en el que uno o ambos contendientes adoptan un tipo de rol: peleador ofensivo, defensivo, contragolpeador o utilizan un tipo de técnicas determinadas; solo realizan proyecciones o proyecciones determinadas; utilizan puños o patadas; solo técnicas directas... En definitiva, se ponen ante las diversas situaciones que podrían darse en un combate de competición.
Para llevar a cabo este tipo de combate en el gimnasio es esencial que entendamos el sparring como un juego, una oportunidad para aprender y para probar cosas, por lo que es importantísimo que trabajemos con una intensidad adecuada, donde el miedo a recibir un golpe fuerte no me impida ir ampliando mi arsenal de acciones. Trabajando de esta manera, poco a poco podremos aumentar la intensidad del combate y llegar a integrar esos patrones de tal manera que seamos capaces de desarrollarlos en la competición.
Al respecto, y en la misma línea que he aprendido con mi maestro, veo el trabajo de los peleadores tailandeses de Muay Thai, donde para ellos el combate de entrenamiento es un momento de probar cosas y donde únicamente van al 100 % en el trabajo de derribos. También, en esta línea, el peleador de MMA Jeff Chan explica en su canal cómo realizar este tipo de trabajo; podéis ver sus vídeos pinchando sobre el enlace.
Esta es la mentalidad que trato de inculcar en mis alumnos. No siempre es fácil, pues entran factores de diversa índole en la forma en que cada uno entiende el combate. Hay quien tiene una mentalidad muy competitiva y no quiere perder ni a las chapas, no invierte en pérdidas y únicamente ejecuta lo que piensa que le va a funcionar; hay quien previamente ha entrenado en otros sitios y esa era su forma de encarar el entrenamiento; hay quien se siente ofendido si el compañero le golpea y sube las revoluciones, convirtiendo el sparring en una guerra...
Para realizar sparring de intensidad, previamente debemos haber trabajado atributos como el control de la potencia y la distancia, utilizar las protecciones adecuadas o golpear con menos contundencia en zonas más sensibles como la cara o el hígado.
Recuerda: «La victoria no pertenece siempre al competidor que domina más técnicas, sino al que sabe elegir cuál utilizar... y, sobre todo, cuál no utilizar.»
